¿Alguien cree que vamos a elegir al banco que nos saque más guapos en la foto?

Por el noviembre 7, 2016
Oski Goldfryd TV 300

Nuestros lectores habrán observado que en las últimas semanas, ha comenzado una loca carrera en la que diversas entidades financieras compiten por ser las primeras en España en implementar el alta de nuevos clientes a través de videoconferencia, selfies, o tecnologías similares.

Podríamos pensar que por fin la banca española se ha subido al tren de la transformación digital. Al fin y al cabo, toda la relación entre el cliente y su banco comienza por un alta, por la entrada a una base de datos, por la aceptación de dicha persona que comienza a operar con la entidad.

Como observadores, resulta difícil no reconocer las importantes ventajas que supone la digitalización de las empresas, algo realmente crucial para el sector bancario, quizás donde esta resulta una necesidad más patente. Eficiencia y adaptación a los nuevos modelos de consumo son, quizás, los dos aspectos más importantes de este proceso.

Sin embargo, también nos plantea algunas dudas: en la difícil y complicada situación en que se encuentra el sector financiero global, ¿supone esta carrera en parecer el banco más moderno, más avanzado digitalmente, aquella verdadera transformación que necesita el negocio bancario, que se sustenta en bases hoy día muy afectadas, en las que el valor del dinero y la globalidad del mercado representan solamente una parte de las amenazas?

Leíamos en el estudio Banking 2020 de Accenture que en la próxima década la banca global puede llegar a perder el 35% de sus beneficios, que pasaría en su totalidad diferentes empresas digitales nativas, muchas de ellas con un enorme músculo financiero.

Sin embargo, por el momento, lo que vemos es que las entidades se han lanzado a una carrera para parecer las más digitales, las más modernas, las más Interneteras, si se nos permite definir el fenómeno de alguna manera.

¿Pero han logrado estas tecnologías influir y cambiar en el modelo tradicional de negocio de los bancos? ¿Han logrado, por ejemplo, que frente a una bajada importante de los beneficios la forma de subirlos no sea atacando a los clientes con comisiones que, en definitiva, perjudican a la marca?

Es verdad, como señala un reciente estudio de ICEMD, que la autenticación de la identidad propia, es una de las tendencias principales que veremos en el sector en los próximos meses. La razón, aclara el estudio, es que “que es fundamental para los servicios bancarios ya que éstos son susceptibles de ser vulnerados por terceras personas con finalidades delictivas. Dentro de este apartado, la biometría se está presentando en los últimos años como una solución para estos retos con métodos tan sencillos para el usuario, como poner el dedo encima de una pantalla, enseñar la cara o pronunciar alguna palabra”.

Es decir, se trata de una medida de seguridad, siempre bienvenida. También es verdad que, una vez que la Red de sucursales bancarias se ha visto reducida de forma importante, este tipo de altas permite llegar a todos los rincones del país, incluso a localidades en las que no se cuenta con oficinas propias.

¿Pero es este el cambio que requieren las condiciones del negocio? Estas batallas entre las entidades por ser las primeras, recuerdan aquellas campañas no tan lejanas en el tiempo por captar pasivo.

Como preguntaba en estas páginas hace un tiempo Enrique Dans, agudo analista de la Red: ¿Cómo es posible que mi banco no tenga memoria, no sepa mis preferencias, y no tenga ni idea del patrón que siguen mis transacciones? ¿Dónde fueron todas esas inversiones en sistemas CRM? ¿Por qué cada vez que pido algo tiene que reunirse un “comité de riesgos”, si saben perfectamente quién soy, a qué me dedico, cuánto cobro y cuánto gasto? ¿Y por qué no eres capaz de proponerme productos y servicios específicos para mí y para mis condiciones? ¿O invertir en experiencia de uso de tus productos y servicios?”.

Y Enrique planteaba a su banco que “teniendo tan ventajoso acceso a mi información y pudiendo comunicarte conmigo razonablemente, posiblemente pudieses extraer más rentabilidad a nuestra relación sin pedirme que pagase por tus servicios”.

Como señalaba Harold Burson, en tiempos de crisis no se vende: se negocia.

¿O es que vamos a elegir al banco que nos saque más guapos en la foto?

Oski Goldfryd, Director de FinancialTech Magazine

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